Paises, banderas y mapas

lunes, 9 de agosto de 2010

Países Bajos (Holanda)

Países Bajos (nombre oficial, Koninkrijk der Nederlanden, Reino de los Países Bajos), también conocido de manera no oficial como Holanda, monarquía constitucional de Europa noroccidental; limita al norte y oeste con el mar del Norte, al este con Alemania y al sur con Bélgica. Junto a Bélgica y Luxemburgo, forman la Unión Económica del Benelux. También forman parte del reino las Antillas Neerlandesas y Aruba, territorios insulares en el mar Caribe con autogobierno. Los Países Bajos ocupan una superficie total de 41.526 km², de los cuales unos 6.500 km2 son tierras ganadas al mar o pólders. La capital y mayor ciudad del país es Amsterdam.

A finales del siglo XVI, una revuelta contra la autoridad del rey de España, que en ese momento gobernaba lo que en la actualidad constituyen los Países Bajos, tuvo éxito en las provincias del norte, que posteriormente se convirtieron en la República de las Provincias Unidas, viendo reconocida su independencia de manera oficial en 1648. La República cayó en 1795, cuando los ejércitos de la Francia revolucionaria establecieron la República de Batavia. En 1810, Francia formó el Reino de Holanda, dirigido por Luis I Bonaparte, e incorporado poco después al Imperio francés. Pero con la derrota de Napoleón I Bonaparte en 1814, al año siguiente se constituyó como un nuevo Estado, oficialmente denominado Reino de los Países Bajos. Originalmente Bélgica formaba parte de este nuevo reino, pero se separó en 1830 y se constituyó en país independiente. Las actuales fronteras de los Países Bajos son, en esencia, las que se establecieron después de la escisión de Bélgica.
El nombre del país (Nederlanden) significa ‘tierras bajas’ y una gran parte del norte y oeste del país se encuentra por debajo del nivel del mar. Esta región, conocida como Países Bajos inferiores, está cubierta por suelos arcillosos y la turba, y es atravesada por canales, ríos y entrantes marinos. Al este y sur se extienden los llamados Países Bajos superiores, que se elevan un poco por encima del nivel del mar y cuya superficie es llana o suavemente ondulada. En esta región muy pocas veces se sobrepasan los 50 m de altitud, excepto en el extremo suroriental, donde con frecuencia se superan los 100 metros.
Deus maria fecit, batavous terrae (Dios creó los mares, el holandés las tierras) es un antiguo dicho holandés. Los diques, canales, esclusas de presas y molinos de viento que caracterizan el paisaje de los Países Bajos forman parte de un sistema de drenaje de agua que data de la época medieval y que ha permitido incrementar la superficie del país en casi una quinta parte. Además, y lo que es más importante, sin un drenaje constante y la protección de las dunas costeras, casi la mitad de los Países Bajos se inundaría, sobre todo por el mar, pero también por los numerosos ríos que cruzan su territorio. La vulnerabilidad del país a las inundaciones ha quedado demostrada dos veces durante las últimas cinco décadas. El 1 de febrero de 1953, una marea muy viva y unos fuertes vendavales hicieron que el mar del Norte rompiera los diques costeros y arrasara las dunas en la parte suroccidental de Zelanda. Se inundaron unas 162.000 ha y murieron más de 1.800 personas. Exactamente 42 años después, más de 250.000 personas tuvieron que ser evacuadas del este y centro del país. Las lluvias torrenciales en Francia y Alemania habían hecho que el Rin y el Mosa aumentaran su caudal considerablemente y se temía que los diques en los ríos Lek, Maas y Waal (sus afluentes en los Países Bajos) se rompieran por la presión del agua avenada. Los diques aguantaron, pero tras la emergencia se anunció que se invertirían 1.200 millones de dólares para reforzar más de 800 km de diques fluviales, lo que en principio tendría que estar ultimado en el año 2008.
Los Países Bajos comparten el clima marítimo templado común a una gran parte de la Europa del norte y occidental. La temperatura media de enero es de 1,7 ºC, y de 17,2 ºC en el mes de julio. Las precipitaciones medias son de unos 760 mm anuales. Los días despejados son poco frecuentes, al igual que las heladas prolongadas. A causa de las escasas barreras naturales (como elevadas montañas), el clima varía muy poco de una región a otra.

El paisaje natural de los Países Bajos ha sido alterado por el ser humano de muchas maneras a lo largo de los siglos. A causa de la escasez de tierras y su completa explotación, las áreas de vegetación natural son muy limitadas. Las altas hierbas de las dunas y los brezales siguen proporcionando hábitats para los conejos, pero los animales de mayor tamaño (como los ciervos) han desaparecido, excepto en las reservas y parques nacionales. Los restos de bosques de roble, haya, fresno y pino se protegen de una manera muy cuidadosa. Los proyectos de recuperación de tierras han creado nuevos hábitats para numerosas especies de aves migratorias.

Este país presenta una de las densidades de población más altas del mundo. La mayoría de sus habitantes son holandeses, descendientes de los francos, frisones y sajones. Por miedo a una superpoblación, el gobierno holandés alentó la emigración después de la II Guerra Mundial y unas 500.000 personas abandonaron el país. Pero un número aún mayor entró en el mismo, en especial asiáticos de la antigua dependencia de las Indias Holandesas (hoy parte de Indonesia), emigrantes procedentes de Turquía, Marruecos, países europeos mediterráneos y, más recientemente, de Surinam (otra antigua dependencia holandesa) y de las Antillas Neerlandesas. En consecuencia, la población del país, en particular en las ciudades más populosas, cuenta hoy con varias minorías étnicas.

El idioma oficial de los Países Bajos es el neerlandés (la lengua más conocida como holandesa), que se habla en todo el país. No obstante, en la provincia septentrional de Frisia, un alto porcentaje de la población habla otro idioma germánico como lengua materna: la lengua frisia.
Los católicos constituyen el 34% y los protestantes el 25% de la población holandesa. El país también cuenta con una pequeña comunidad judía y musulmana, y alrededor del 36% de la población no tiene una afiliación religiosa. La población católica domina en la parte meridional del país. Hay diferentes confesiones protestantes, siendo la principal la Iglesia reformada holandesa. Los Países Bajos no tienen una religión oficial, pero la Iglesia reformada ha tenido una relación muy estrecha con el Estado desde la fundación de la República de las Provincias Unidas a mediados del siglo XVII; todos los monarcas del país han sido miembros de la Iglesia reformada.

En la década de 1960 comenzó a cambiar de manera significativa la organización de la actividad cultural y la vida social en los Países Bajos. Hasta entonces, la mayor parte de las facetas de la vida holandesa estaban organizadas de manera sistemática en lo que se llaman pillars, o grupos. En educación, política, medios de comunicación, medicina, sindicatos y otros sectores, estas instituciones eran específicamente protestantes, católicas o públicas (no confesionales) y contaban con comités en todos los ámbitos de gobierno. Mientras el país evolucionaba, grupos no sectarios de socialistas y liberales se unieron a los confesionales y algunas instituciones se hicieron independientes del sistema de pillars. Hacia la década de 1980, la mayor parte de la población ya no estaba tan firmemente ligada a grupos concretos.

Los Países Bajos han desempeñado un papel especial en la economía europea durante muchas centurias. Desde el siglo XVI, las expediciones marítimas, la pesca, el comercio y la banca han sido los principales apoyos de su economía; el comercio con el Imperio colonial holandés fue importante durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Tras la independencia de Indonesia a finales de la década de 1940, el comercio holandés se ha orientado hacia las naciones europeas. Desde entonces ha desarrollado también una base industrial diversificada, mientras caía el papel de la agricultura en la economía y el país se convertía en un gran exportador de energía al descubrirse grandes depósitos de gas natural. El gobierno nacional jugó un importante papel en todos estos cambios, a través de una buena planificación económica. La influencia del gobierno continúa siendo grande, pues, aunque la mayor parte de las empresas son de propiedad privada, éste distribuye casi la mitad de los ingresos nacionales del país.
La unidad monetaria es el euro (el 2 de enero de 2002, un euro se cambió a 0.9038 dólares estadounidenses). Desde el 1 de enero de 1999, el euro se vinculó al valor del florín holandés, con un cambio fijo de 2,20371 florines por euro.
El De Nederlandsche Bank (1814) es el banco nacional emisor de moneda. Amsterdam es el principal centro bancario y de seguros, y la sede de la primera Bolsa del país.
Los Países Bajos tienen una monarquía constitucional y hereditaria con un sistema parlamentario de gobierno. La Constitución fue promulgada por primera vez en 1814 y revisada varias veces desde entonces, la más reciente en 1983. De acuerdo con ella, el reino está formado por los Países Bajos, Aruba y las Antillas Neerlandesas. Sus relaciones están reguladas por un estatuto, de diciembre de 1954, por el cual están unidas en una posición de igualdad.

Los vestigios históricos de los Países Bajos datan del siglo I a.C., cuando las fuerzas romanas dirigidas por Cayo Julio César conquistaron la mayor parte de la actual superficie del país. En esa época, la región estaba habitada por los frisones, una tribu germánica que vivía en el norte, y por otras tribus germánicas y celtas.
Antes de la conquista, los romanos se habían anexionado tierras al sureste del río Rin. Penetraron en la región de los Países Bajos para controlar las distintas bocas de este río, que en aquella época se encontraban situadas más al norte. Bajo mandato romano, la paz y prosperidad generales prevalecieron durante más de 250 años. Los comerciantes romanos entraban libremente en el territorio y vendían productos de Italia y la Galia. Los romanos construyeron templos, crearon latifundios e introdujeron su civilización en la región.
Alrededor del 300 d.C., el dominio romano comenzó a debilitarse y otras tribus germánicas llegaron procedentes del este. Los frisones, en el norte, mantuvieron su tierra, pero los sajones ocuparon la parte oriental de la región y los francos se adentraron por el oeste y el sur.
Los francos eran el grupo invasor más poderoso. Sus tierras se extendían hacia el sur hasta lo que hoy es el norte de Francia, y hacia el este a través del río Rin. Al final, los reyes francos sojuzgaron a los frisones y sajones y los convirtieron al cristianismo. Hacia el año 800, el actual territorio de los Países Bajos formaba parte del Imperio de Carlomagno. Tras su muerte, el Imperio se desintegró, y en el 843 el Tratado de Verdún impuso su división en tres zonas. Los Países Bajos se englobaron inicialmente en Lotaringia y, en el 925, una parte del territorio pasó a depender del Sacro Imperio Romano Germánico. En ese momento no existía un Estado holandés y las lealtades inmediatas de los habitantes eran para los señores locales. A lo largo de los siglos siguientes toda la región, incluso la actual Bélgica, pasó a ser conocida como Países Bajos.
Durante los siglos IX y X, los invasores vikingos (procedentes de Escandinavia y Dinamarca) invadieron con frecuencia las zonas costeras, navegando río arriba en busca de botín. La necesidad de un sistema más fuerte de defensa contra tales intrusos llevó a un progresivo aumento del poder de los mandatarios locales y de la nobleza. Al mismo tiempo, artesanos y mercaderes se asentaron en las ciudades, cuya importancia económica aumentó, y mejoraron sus defensas. El desarrollo gradual de ciudades poderosas fue una característica de la historia holandesa durante los siglos XII, XIII y XIV, y el territorio se convirtió en un importante enclave comercial. Bajo la gestión de ricos mercaderes, las ciudades comenzaron a amenazar el poder de los nobles que gobernaban el campo. Los mercaderes a menudo respaldaron a gobernantes regionales en sus campañas contra los vasallos más rebeldes, lo que les permitió obtener de ellos privilegios para promocionar el comercio, reforzar las ciudades y afianzar su posición en el gobierno de éstas.
A comienzos de la edad media se establecieron poderosas entidades políticas, como los condados de Flandes y Holanda, el obispado de Utrecht y los ducados de Brabante y Güeldres. No obstante, en el norte los frisones se resistían a ser sometidos por un mandatario regional y continuaron obedeciendo a sus propios mandatarios. La asociación de los Países Bajos con el Sacro Imperio Romano fue en gran parte nominal durante la edad media. Existían contactos comerciales con ciudades costeras alemanas del este, como Bremen y Hamburgo, pero la más importante influencia cultural venía de Francia.
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A través de matrimonios, conflictos bélicos y maniobras políticas, la mayor parte de la región que en la actualidad comprende los Países Bajos —Holanda, Utrecht, Brabante Septentrional y Güeldres— pasó a manos de los duques de Borgoña durante el siglo XV y comienzos del XVI. Hacia mediados del siglo XVI, esta área, que comprendía también la tierra de los frisones, estaba bajo el control poco rígido del emperador Carlos V, un miembro de la Casa de Habsburgo que también era rey de España. No obstante, en 1555 Carlos cedió el trono de España y el gobierno de los Países Bajos a su hijo, Felipe II, que era español por nacimiento y educación y sentía poca simpatía por sus territorios del norte de Europa. Su mandato autoritario, en especial en temas religiosos, llevó a la guerra de Independencia que libraron los holandeses desde 1568 a 1648 contra España, entonces el Estado más poderoso de Europa.

El descontento político entre los Países Bajos y España coincidió con el desarrollo de la Reforma protestante, contra la que Felipe II resolvió luchar de forma decidida. El calvinismo, un movimiento protestante, ganó terreno con rapidez durante este periodo, en especial en los Países Bajos, donde sus partidarios establecieron una Iglesia bien organizada que amenazaba el poder de la Iglesia católica. En 1566, se extendieron por todo el país las revueltas, en las cuales la muchedumbre adoptó posturas iconoclastas y saqueó varias iglesias católicas. Como respuesta, Felipe II envió a los Países Bajos tropas españolas bajo el mando de Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba. La política represiva del duque dio lugar a una revuelta abierta en los Países Bajos dirigida por Guillermo de Orange-Nassau, uno de los principales nobles de la región. La vehemencia de los tercios españoles hizo que los holandeses concentraran sus esfuerzos en las provincias del norte. Después que las tropas navales de Guillermo (que eran conocidas como los mendigos del mar) se apoderaran del puerto holandés de Brill (Brielle) en 1572, los rebeldes tomaron el control de la mayor parte de las ciudades del norte, que se convirtieron en la base de la revuelta. Guillermo trató de mantener la unidad de las provincias del norte y del sur, pero fue incapaz de frenar la brillante campaña de reconquista encabezada por un nuevo comandante español, Alejandro Farnesio.
En 1579, se estableció la Unión de Utrecht, una alianza antiespañola de todos los territorios del norte y algunos del sur. Además de sus implicaciones políticas, la Unión significó la división entre las provincias del norte de los Países Bajos —que pasaron a estar bajo dominio protestante y que más tarde se convertirían en las Provincias Unidas— y las del sur, que eran mayoritariamente católicas y que años después conformarían Bélgica. En 1581, las provincias que integraban la Unión de Utrecht proclamaron su independencia de España. Posteriormente, las derrotas sufridas en el enfrentamiento con España y la pérdida de Guillermo, que fue asesinado en 1584, hicieron que hacia 1585 los españoles hubieran reconquistado prácticamente todo el sur, incluso el importante puerto de Amberes. No obstante, la evolución de la guerra se volvió en favor de los sublevados. Desde 1585 hasta 1587, los ingleses enviaron tropas para ayudar a la causa insurgente y, en 1588, derrotaron a la Armada Invencible, una victoria que debilitó, por un tiempo, la capacidad militar española. Hacia 1600, las tropas españolas fueron desalojadas de las siete provincias que formaban la Unión de Utrecht.
Desde 1609 hasta 1621, entró en vigor una tregua entre españoles y holandeses. Al finalizar la Tregua de los Doce Años, la guerra continuó, alternándose victorias y derrotas para los insurgentes, hasta que en 1648 los españoles firmaron el Tratado de Münster, por el cual se reconocía la soberanía de la República de las Provincias Unidas. De este modo, los holandeses rompieron todos los lazos teóricos con España y el Sacro Imperio Romano Germánico y se convirtieron en uno de los grandes poderes en la Europa continental, una república en medio de monarquías.

A comienzo del siglo XVII, cuando estaba asegurada de manera definitiva la independencia holandesa, se abrió una era de gran prosperidad comercial que tuvo su correlación con la llamada ‘edad de oro del arte holandés’, con pintores como Rembrandt y Jan Vermeer. Hacia mediados del siglo XVII, los Países Bajos eran el principal poder comercial y marítimo de Europa, y Amsterdam, el centro financiero del continente.
Alrededor del 1600, una expedición mercantil compuesta por tres buques zarpó de Amsterdam hacia Java. Ésta fue la primera de las numerosas travesías que dejaron nombres geográficos holandeses esparcidos por todo el mundo (desde Spitsbergen hasta el cabo de Hornos, y desde Staten Island hasta Tasmania) y que permitieron el establecimiento o adquisición de muchas factorías comerciales en África, Sureste asiático y América.
En 1602, el Parlamento holandés concedió a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales un fuero (derechos o privilegios) que le daba el monopolio comercial con todos los países al este del cabo de Buena Esperanza, en África, y al oeste del estrecho de Magallanes, en Sudamérica. El fuero también concedía otros muchos poderes a la Compañía, como el derecho de librar una guerra y concluir la paz. La Compañía de las Indias Orientales, fundada en 1621, estableció colonias en las Indias Occidentales (hoy las Antillas), Brasil y América del Norte.
En el Lejano Oriente, la Compañía se estableció primero en las Molucas (o islas de las Especias) y posteriormente en Java occidental, donde Batavia (la moderna Yakarta) se convirtió en el centro de las actividades de la Compañía, dedicada sobre todo al comercio y al establecimiento de factorías comerciales. Posteriormente, ante la necesidad de mantener un ambiente pacífico que favoreciera el desarrollo comercial, el mandato holandés se impuso sobre los territorios que hoy llamamos Indonesia.
Guillermo de Orange había sido sucedido por su hijo Mauricio I de Nassau-Orange, a quien siguió su hermano Federico Enrique. Estos hombres gobernaron apoyándose en los Estados Generales, una asamblea compuesta por representantes de cada una de la siete provincias, pero en general dominada por la más poblada y rica, Holanda. Guillermo y sus sucesores se convirtieron en los ‘primeros sirvientes de la República’ y tomaron el título de stathouder (estatúder); su poder variaba, dependiendo de las cualidades individuales de dirección, aunque al final el cargo pasó a ser hereditario de la Casa de Orange.
Bajo Mauricio de Orange-Nassau, la República se dividió por un conflicto religioso y político entre los arminianos y los gomaristas, dos facciones dentro de la Iglesia reformada (calvinista). La provincia de Holanda, dirigida por Jan van Olden Barneveldt, apoyaba la causa arminiana, mientras que las otras provincias y Mauricio se pusieron del lado de los gomaristas y acabaron imponiéndose. La disputa terminó en 1619 con la ejecución de Olden Barneveldt, acusado de traición.
El hijo de Federico Enrique, Guillermo II de Orange, se vio envuelto en un encarnizado enfrentamiento con la provincia de Holanda; tras su muerte (1650), ni Holanda ni otras cuatro provincias eligieron estatúder durante más de 20 años, en parte debido a la minoría de edad del hijo de Guillermo II, Guillermo III de Orange que ostentó el cargo de estatúder desde 1672 hasta su muerte en 1702, y también fue rey de Inglaterra después de 1689.
Inevitablemente, la rivalidad comercial con los ingleses (tanto las Provincias Unidas como Inglaterra eran las potencias más destacadas en el comercio marítimo del mundo) estalló en un conflicto militar. Los dos países intentaron resolver sus problemas con las Guerras Anglo-holandesas, pero éstos no se solucionaron. Como resultado de este último conflicto, los holandeses perdieron Nueva Amsterdam (rebautizada como Nueva York) en América del Norte, a cambio de la Guayana Holandesa (hoy Surinam). Siguieron otras guerras muy costosas en hombres y dinero contra Francia e Inglaterra.
Después de la guerra de Sucesión española (1702-1714), en la cual los holandeses fueron aliados del recién creado Reino Unido en contra de los franceses, el poder económico y político de los Países Bajos comenzó a declinar. Con el tiempo, las Provincias Unidas fueron eclipsadas por el expansivo poder marítimo del Reino Unido y por la hegemonía militar de Francia en tierra.
Cuando en 1702 Guillermo III moría sin herederos, un pariente lejano suyo, Juan Guillermo Friso, reclamó con éxito el título de Orange. En 1747, su hijo se convirtió en estatúder de las siete provincias con el nombre de Guillermo IV.
A finales del siglo XVII estalló un conflicto entre los seguidores de la Casa de Orange (que se habían vuelto conservadores) y el denominado Partido Patriótico, que deseaba reformas democráticas. Los partidarios de los de Orange disfrutaron en 1787 de un breve triunfo con la ayuda de un ejército invasor prusiano, pero en 1795 las tropas francesas, apoyadas por holandesas, sustituyeron la República de las Provincias Unidas por la República de Batavia, que seguía el modelo de la República revolucionaria francesa.
La República de Batavia sólo sobrevivió hasta 1806, cuando Napoleón transformó el país en el Reino de Holanda y colocó al frente de él a su hermano Luis Bonaparte. En 1810, lo incorporó al Imperio francés. Mientras los holandeses estuvieron bajo el mandato francés, los británicos se apoderaron de sus posesiones coloniales. Tras la caída de Napoleón, el Congreso de Viena restauró en 1815 la independencia de los Países Bajos. Además, el territorio de los Países Bajos austriacos (la actual Bélgica) pasó a formar parte del Reino de los Países Bajos.
Esta unión forzosa de ambos territorios no dio buen resultado, porque se habían distanciado mucho en política, cultura, religión, idioma y economía. En 1830, los belgas se revelaron y establecieron su independencia como Estado soberano. Una conferencia entre las grandes potencias europeas, celebrada en Londres (1831), formuló las condiciones de la separación. El rey holandés Guillermo I no aceptó estos acuerdos e invadió Bélgica. Las condiciones de separación fueron revisadas y finalmente en 1839 ambos países las aceptaron.
La segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por una liberalización del gobierno de los Países Bajos bajo el impacto causado por las revoluciones que barrieron Europa durante la década de 1840. La nueva Constitución de 1848 contenía las semillas de la reforma, que se convirtió en la base del actual sistema democrático. De acuerdo con sus disposiciones, el mandato personal y arbitrario del monarca fue muy limitado. Los miembros de la Primera Cámara del Parlamento (quienes anteriormente eran elegidos por el rey) pasaron a ser elegidos por las asambleas provinciales. Los miembros de estas asambleas y de la Segunda Cámara del Parlamento serían elegidos por sufragio censatario. Las provincias del sur, Limburgo y Brabante Septentrional, mayoritariamente católicas y que bajo la República eran tratadas como territorios conquistados, recibieron una consideración igual a la de otras provincias. Por último, la Constitución de 1848 permitió la anulación de las restricciones de carácter religioso contra sus ciudadanos. Así, un poderoso partido político católico fue capaz de enfrentarse al grupo liberal y a otros partidos protestantes conservadores que estaban apareciendo. A finales del siglo XIX, el sufragio se fue extendiendo gradualmente y aumentaron las presiones para llevar a efecto una reforma social. El auge de un partido laborista fuerte y la organización de los trabajadores en sindicatos favoreció el desarrollo de este reformismo.
También se reorganizó la administración de las colonias. En Indonesia se incrementó el área bajo control holandés, se abandonaron de forma gradual los impuestos onerosos y después de 1877 no llegaron más excedentes financieros de la colonia a la tesorería de los Países Bajos.

Entre 1880 y 1914, los Países Bajos disfrutaron de unas décadas de expansión económica. Este periodo terminó con la I Guerra Mundial. El país permaneció neutral, pero su economía fue duramente golpeada por la pérdida comercial que significó el bloqueo aliado al continente. Los principales problemas de los Países Bajos después de la guerra también fueron económicos y se vieron agravados por la Gran Depresión, cuyos efectos se dejaron sentir a principios de la década de 1930.
Cuando estalló la II Guerra Mundial en 1939, los Países Bajos proclamaron de nuevo su neutralidad. Sin embargo, las fuerzas nacionalsocialistas invadieron el país en 1940, tras un bombardeo aéreo que destruyó la mayor parte del puerto de Rotterdam. También se produjeron grandes daños en otras partes del país, causados no sólo por los alemanes, sino también por parte holandesa, al abrir numerosos diques como una desesperada medida de defensa, y posteriormente por los ataques aéreos aliados sobre las posiciones ocupadas por los alemanes, que permanecieron en el país hasta que entre 1944 y 1945 fueron expulsados.
Los años que siguieron a la II Guerra Mundial estuvieron marcados por intensos esfuerzos para reconstruir el país y restaurar su comercio e industria, al tiempo que participaban en numerosos organismos internacionales. En 1945, los Países Bajos se convirtieron en miembro fundador de la Organización de las Naciones Unidas. En 1948, recibieron fondos a través del Programa de Reconstrucción Europea o Plan Marshall. Los Países Bajos se unieron a Bélgica, Francia, Gran Bretaña y Luxemburgo para firmar en 1948 el Tratado de Bruselas (véase Unión Europea Occidental), y fueron miembro fundador, en 1952, de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). El país se unió en 1949 a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en 1952 a la Comunidad Europea de Defensa, y a los Acuerdos Londres-París en 1955; de este modo se convirtió en miembro de las organizaciones de defensa multinacional de la Europa occidental. Los últimos años de la década de 1940 y principios de la de 1950, estuvieron caracterizados por la subida de los precios, balances de comercio por lo general desfavorables y gobiernos dominados por el Partido Laborista.
La década de 1940 también vio cómo los Países Bajos perdían una guerra contra los nacionalistas indonesios en las Indias Orientales; en 1949 transfirieron formalmente su soberanía en ellas al gobierno indonesio, a excepción de la Nueva Guinea de los Países Bajos, que permaneció bajo mandato holandés hasta 1962. En 1954, Surinam y las Antillas Neerlandesas se convirtieron en territorios del Reino de los Países Bajos.
El Partido Popular Católico llegó al poder en 1959, y mantuvo su dominio en la cámara baja después de las elecciones de 1963 y 1967. No obstante, las coaliciones de gobierno que el partido formó en la década de 1960 resultaron ser inestables. Los desórdenes en las Antillas Neerlandesas en 1969 requirieron la intervención de efectivos del Ejército para ayudar a la policía local en el control de los tumultos. La inflación existente en esta década continuó durante la siguiente y se convirtió en un importante problema económico y político. En 1970 se impusieron controles salariales y de precios, y en 1971 aumentaron los impuestos. En las elecciones de este mismo año, la coalición gubernativa formada por cuatro partidos perdió su mayoría; siguieron dos meses de negociaciones antes de que una coalición conservadora emergiera para formar gobierno. Sin embargo, este gabinete cayó en 1972 y se constituyó un gobierno de transición hasta mayo de 1973, cuando una coalición de cinco partidos eligió como primer ministro al dirigente del Partido Laborista, Joop den Uyl. Cuando Surinam alcanzó la independencia completa en 1975, la repentina afluencia de cientos de miles de inmigrantes de este país agravó los problemas de la economía holandesa.
En 1977, tras las elecciones parlamentarias de primavera, la coalición de gobierno de Den Uyl fue derrotada al no poder llevar a cabo las reformas propuestas. Un nuevo primer ministro, el democratacristiano Andreas van Agt, prestó juramento ese mismo año. En 1980, la princesa Beatriz subió al trono tras la abdicación de su madre, la reina Juliana. El gobierno de Van Agt perdió su mayoría parlamentaria en mayo de 1981, pero formó una nueva coalición que duró desde septiembre de 1981 a mayo de 1982. Se convocaron elecciones parlamentarias en septiembre de ese año, tras las cuales Van Agt dimitió de la dirección democristiana de forma inesperada. Su sucesor en el partido fue Ruud Lubbers, quien formó una nueva coalición en noviembre de 1982 y hasta 1994 permaneció en el poder.
En 1983 se acordó que, desde 1986, Aruba dejaría de formar parte de las Antillas Neerlandesas y sería un territorio separado dentro del Reino de los Países Bajos. Esta condición de separación debía durar diez años, pues a partir de 1996 Aruba sería completamente independiente. Sin embargo, en 1994 se decidió ampliar el periodo de pertenencia de Aruba dentro del Reino hasta una fecha posterior.
Las elecciones generales de mayo de 1994 trajeron la derrota de los democratacristianos; esto se atribuyó en parte al creciente desempleo y a recortes sustanciales en los gastos de bienestar social desde finales de la década de 1980. El Partido Laborista resultó ser el mayor grupo parlamentario, aunque también sufrió un descenso de votos. Después de casi cuatro meses de discusiones, el dirigente del Partido Laborista y nuevo primer ministro, Willem Kok, formó una coalición con el Partido Popular de derechas y el grupo de centro-izquierda Demócratas 66; por primera vez en más de veinte años los democratacristianos no formaron parte del gobierno. Las propuestas políticas de la nueva coalición establecían más recortes en los gastos sociales, así como una reducción importante en los gastos de defensa.
En febrero de 1995 apareció el espectro de los desastres de las inundaciones de 1953. Se evacuó a más de 250.000 personas del este del país por temor a que los diques de la región no aguantaran la ingente presión del agua procedente de los ríos Rin y Mosa desde Alemania y Francia. Los diques resistieron y la gente regresó a sus casas, mientras el gobierno anunciaba que se aceleraría el programa de refuerzo de estos diques. El 8 de marzo de 1995 se celebraron elecciones provinciales, que supusieron un éxito para los liberales y les llevó a fortalecer su posición en la Primera Cámara y a exigir una mayor participación en la política gubernamental.
En las elecciones legislativas celebradas en mayo de 1998 los laboristas y los liberales, socios en la coalición de gobierno, obtuvieron la mayoría absoluta al conseguir un total de 45 y 38 escaños, respectivamente. Por contra, Demócratas 66 perdió 10 escaños, quedando con 14. Kok se mantuvo en el cargo de primer ministro.
El éxito electoral de la coalición formada principalmente por laboristas y liberales, encabezada por Kok y de nuevo al frente del gobierno, fue debido al crecimiento económico y a la obtención de la más baja tasa de desempleo de cualquier país perteneciente a la Unión Europea, con tan sólo un 5,5 por ciento. No obstante, en mayo de 1999 el gabinete se vio obligado a dimitir ante la decisión de la formación Demócratas 66 de abandonar la coalición gubernamental debido al fracaso de una propuesta de Kok que pretendía introducir el uso del referéndum mediante una reforma constitucional. Aunque en un principio Kok ejerció de forma interina el cargo de primer ministro hasta que tuvieran lugar nuevas elecciones legislativas, un mes más tarde retiró su dimisión y puso así fin a la crisis gubernamental. Posteriormente, el gabinete de Kok promovió una serie de leyes de neto contenido social, tales como la aprobación de los matrimonios entre homosexuales o la regularización de la prostitución, que alcanzó su episodio más significativo con la legalización, en determinados supuestos, de la eutanasia activa, disposición que fue aprobada entre 2000 y 2001 por las cámaras legislativas y entró en vigor en 2002.
El 16 de abril de 2002, un mes antes de que se celebraran elecciones generales, Kok y su gobierno dimitieron, asumiendo la presunta responsabilidad política que se derivaba de un informe oficial que analizaba el asesinato de más de 7.000 musulmanes bosnios en Srebrenica en julio de 1995 (perpetrado por tropas serbobosnias, durante la guerra de la Antigua Yugoslavia, cuando la ciudad estaba bajo protección de “cascos azules” neerlandeses).
Las elecciones del 15 de mayo de 2002 estuvieron marcadas por el triunfo del centro-derecha y la derrota socialista. El partido más votado fue Llamamiento Cristiano Demócrata (CDA), que recibió el 27,9% de los sufragios y consiguió 43 escaños, y cuyo candidato para primer ministro era Jan Peter Balkenende. La gran sorpresa fue el ascenso de la Lista Pim Fortuyn (LPF). Este partido, de ideología derechista y talante populista, había sido fundado por Pim Fortuyn tras ser expulsado (por sus ideas radicales) de Holanda Habitable, grupo por el que logró en Rotterdam unos excelentes resultados en los comicios municipales del 6 de marzo anterior. Fortuyn fue asesinado el 6 de mayo, y este hecho resultó determinante para que la LPF (que pasó a liderar Matt Herben) se convirtiera en la segunda fuerza política del país (17% de los votos y 26 escaños). Tras CDA y LPF, los siguientes partidos más votados fueron el Partido Popular para la Libertad y la Democracia (VVD, 24 diputados), el Partido Laborista (PvdA, 23), Izquierda Verde (GL, 10), el Partido Socialista (SP, 9) y Democracia 66 (D66, 7). En virtud de estos resultados electorales, se formó un gabinete de coalición (en el que CDA tuvo por socios a la LPF y al VVD) presidido por Balkenende. La vida de este ejecutivo fue efímera pues, en octubre de ese mismo año, las disputas surgidas en su seno entre miembros de la LPF, motivaron que Balkenende dimitiera. La caída de este gobierno implicó la convocatoria de nuevas elecciones. En éstas, celebradas el 22 de enero de 2003, las urnas otorgaron una ajustada victoria al CDA, que obtuvo 44 diputados, por 42 del PvdA; 28 del VVD; 9 del SP; 8, respectivamente, de GL y la LPF; y 6 de D66. Balkenende constituyó en mayo un nuevo gabinete, en el que los democristianos tuvieron por socios al VVD y a D66.
El 1 de junio de 2005 se desarrolló un referéndum para que la población se pronunciara sobre el texto del que podría ser Tratado Constitucional de la Unión Europea. Aunque las fuerzas de la coalición gobernante y la oposición socialdemócrata solicitaron el ‘sí’, algo más del 61% de los votantes se decantó por el ‘no’, opción postulada, entre otros grupos, por el Partido Socialista Radical y la LPF.
Tras las elecciones legislativas anticipadas de noviembre de 2006, se constituyó un nuevo gobierno de coalición (integrado por CDA, PvdA y Unión Cristiana) en el que Balkenende conservó el cargo de primer ministro.

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