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viernes, 6 de agosto de 2010

Etiopía

Etiopía (nombre oficial, Ityjopya, República Federal Democrática de Etiopía), antigua Abisinia, república situada en el este de África, limitada al noreste por Eritrea y Yibuti, al este y sureste por Somalia, al suroeste por Kenia, y al oeste y noroeste por Sudán. La superficie del país es de 1.133.380 km². La capital de Etiopía es Addis Abeba.

El llamado macizo o meseta Etíope cubre más de la mitad de la superficie total del país. Está dividido diagonalmente, desde el noreste hasta el suroeste, por el Gran Rift Valley. La altitud media de este macizo es de 1.680 m. Estas tierras altas están atravesadas por numerosos ríos y profundos valles en la zona septentrional, coronados por montañas, la más alta de las cuales es Ras Dashan (4.620 m). El lago Tana, donde nace el Nilo Azul, también se encuentra en el área norte. Los bordes nororientales del macizo están definidos por pronunciados escarpes, que caen unos 1.220 m o más hacia la depresión de Danakil. Por el contrario, al oeste, los bordes del macizo Etíope descienden suavemente hacia las áreas desérticas de Sudán. En los extremos sureste y suroeste, las tierras pierden altitud hasta enlazar con el lago Turkana (o lago Rodolfo), en la vecina Kenia. La secesión de Eritrea en 1993 dejó a Etiopía sin salida al mar.

El clima de Etiopía varía, de acuerdo con la altitud. La zona tropical, por debajo de los 1.800 m, tiene una temperatura media anual aproximada de 27 °C y recibe menos de 510 mm anuales de lluvia. La zona subtropical, que incluye la mayor parte de la llanura elevada y se alza entre 1.830 y 2.440 m sobre el nivel del mar, tiene una temperatura media aproximada de 22 °C con unas precipitaciones anuales que van de 510 a 1.525 mm. Por encima de 2.400 m se encuentra una zona templada con temperaturas medias de alrededor de 16 °C y unas precipitaciones anuales entre 1.270 y 1.780 mm. La estación de las lluvias tiene lugar entre mediados de junio y septiembre, seguida por una estación seca que puede ser interrumpida en febrero o marzo por una corta estación de lluvias.
La vegetación también refleja la gran variedad de las altitudes. Las áreas más bajas de la zona tropical están escasamente cubiertas con arbustos desérticos, espinosos, y hierbas crasas de la sabana. En los valles y gargantas, crecen exuberantes casi todas las formas de vegetación africanas. La zona templada es principalmente una pradera. Se puede encontrar vegetación afroalpina en las laderas más altas.
Las especies de animales salvajes más grandes de África se encuentran en la mayor parte del país. Éstas incluyen jirafas, leopardos, hipopótamos, leones, elefantes, antílopes y rinocerontes. Son comunes el lince, el chacal, la hiena, y varias especies de monos. Las aves rapaces incluyen águilas, halcones y buitres. Se encuentran abundantes garzas, loros y pájaros para caza como agachadizas, perdices, cercetas, palomas y avutardas. Entre la gran variedad de insectos están la langosta y la mosca tsetsé.
La mayor parte de los habitantes de Etiopía sobrevive gracias a la agricultura, básicamente de subsistencia. La población se concentra sobre todo en la región de la meseta central, donde los recursos agrícolas están más desarrollados. La composición étnica es muy diversa, como resultado de una integración racial y lingüística que comenzó en la antigüedad.

Según el censo de 1984, Etiopía tenía una población, incluyendo Eritrea, de 42.019.418 habitantes. La población excluyendo Eritrea era de 39.570.266 habitantes. La población estimada en 2008 era de 78.254.090 habitantes, lo que supone una densidad media de 70 hab/km² aproximadamente. La esperanza de vida es de 48,3 para los hombres y 50,6 años para las mujeres. Los amhara, pueblo de las montañas con un origen parcialmente semítico, y los tigreanos (étnicamente relacionados con los primeros) constituyen cerca del 32% de la población total. Ocupan las montañas de Etiopía, especialmente al norte de los 10° de latitud N y al oeste de los 40° de longitud E, y la antigua provincia de Shoa (Shewa) y, hacia el sur, llegan hasta Addis Abeba, la capital. Los oromo, un pueblo de pastores y agricultores viven principalmente en la parte central y suroeste de Etiopía, y constituyen cerca del 40% de la población siendo, por tanto, el mayor grupo étnico. Los shangalla, un pueblo que se encuentra en la parte oriental del país, desde la frontera con Eritrea hasta el lago Turkana, constituyen únicamente el 5% de la población. Los somalíes, que viven en el este y sureste, sobre todo en la región de Ogadén, equivalen aproximadamente en número a los shangalla. Los danakil habitan las llanuras semidesérticas de las montañas. La población no indígena incluye yemeníes, armenios y griegos.

Cerca de la mitad de la población es cristiana y el cristianismo predomina en las provincias norteñas. La Iglesia Unida ortodoxa etíope, una de las más antiguas del mundo cristiano, encabezada por un patriarca y ligada a la Iglesia copta de Egipto, fue la iglesia estatal en Etiopía hasta 1974. Todas las regiones del sur tienen mayoría musulmana. En la región de Gamu-Gofa y partes de Sidamo y Arusi se encuentran numerosos cultos animistas. Etiopía albergó alrededor de 30.000 falashas, quienes practican un judaísmo que probablemente se remonta a los contactos con antiguos judíos de lengua árabe. A mediados de la década de 1980 más de 12.000 falashas se trasladaron a Israel. La mayoría de los que quedaron emigraron a Israel entre 1989 y 1991. Su situación en la actualidad es bastante conflictiva, al sentirse marginados por el resto de la sociedad israelí.

De los más de 70 idiomas que se hablan en Etiopía, la mayoría pertenece a las ramas semítica y cusítica de la familia afroasiática. El idioma de la liturgia de la Iglesia etíope, llamada ge' ez, dio lugar al grupo de idiomas semíticos: amárico, tigrinya y tigré. El amárico, idioma oficial del país, lo habla cerca del 60% de la población. Mucha gente habla también inglés y árabe.

A principios de la década de 1990 Etiopía era una de las naciones más pobres de la Tierra. En 2006 su producto interior bruto se estimaba en 13.315 millones de dólares (datos del Banco Mundial), dando una renta per cápita de tan sólo 172,60 dólares. La esperanza de vida era de 49,4 años; la tasa de mortalidad infantil era de 90 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, y el hambre una amenaza constante. La economía de Etiopía sigue dependiendo mucho de los ingresos del sector agrícola. Su participación en una economía monetaria está limitada; una gran parte del comercio se lleva a cabo mediante trueque en los mercados locales. El presupuesto anual de 2002 incluía 1.606 millones de dólares de ingresos, y 1.110 millones de dólares de gastos totales.

El birr etíope es la moneda emitida por el Banco Nacional de Etiopía (8,70 birr etíopes equivalen a un dólar; 2006). Otros bancos del país son el Banco Comercial de Etiopía y el Banco para el Desarrollo Agrícola e Industrial.

Etiopía puede ser considerada como una de las cunas de la humanidad. Restos fósiles de homínidos encontrados en el valle de Awash datan de hace unos 3 millones de años, y evidencias posteriores sugieren una ocupación humana continua. Durante el primer milenio a.C., pueblos semíticos de Saaba (Saba) cruzaron el mar Rojo y conquistaron a los camitas de la costa de lo que posteriormente ha llegado a ser el Imperio etíope. Hacía el siglo II d.C. los vencedores habían establecido el reino de Aksum, gobernado por la dinastía salomónida, que se consideraba descendiente del rey bíblico Salomón y la reina de Saba. Aksum se convirtió al cristianismo en el siglo IV, siguiendo la misma tradición que los cristianos coptos de Egipto, y su imperio floreció durante algunos cientos de años. Desde el siglo VII en adelante, Aksum fue declinando al tiempo que los salomónidas iban perdiendo el control de su reino gradualmente. A principios del siglo X la dinastía fue expulsada y desplazada por la dinastía Zagwe, familia que gobernaba una región de la meseta central conocida como Lasta. Desde 1260 los salomónidas consiguieron reasentar su autoridad gradualmente sobre una gran parte de Etiopía, aunque los musulmanes mantenían el control de la región costera y el sureste. Durante el reinado de Zara Yakub (1434-1468), se reformó la administración de la Iglesia de Etiopía, que se había visto dividida por facciones, y se codificaron las doctrinas. Alrededor de esta época, apareció un sistema político que duraría hasta mediados del siglo XX. Se caracterizaba por monarcas absolutistas que exigían un servicio militar y diezmos a cambio de concesiones de tierras.
Cuando los musulmanes de Harar invadieron Etiopía a principios de 1527, el emperador, como se había pasado a denominar al gobernante, pidió ayuda a los portugueses, y así derrotaron a los musulmanes en 1542. En 1557 llegaron misioneros jesuitas, pero sus continuos intentos para convertir a los emperadores etíopes desde el cristianismo copto al catolicismo fueron infructuosos, y dieron lugar a inseguridad social y política por parte de aquellos que sentían la Iglesia copta como la espina dorsal de una cultura etíope independiente.
Después de un periodo de turbulencias y confusión dinástica en 1632, fue proclamado emperador Fasiladas. Le sucedió su hijo, Juan I, en 1637. En el siglo XVII renació artísticamente la cultura etíope, al ser expuesta a estilos de expresión procedentes de la Europa occidental y el mundo musulmán. Esto se hizo realidad especialmente durante el reinado del hijo de Juan, Iyasus I, también conocido como Iyasus el Grande. Tras ser coronado en 1682, Iyasus fue conocido como un amante de las artes, así como modernizador y brillante estratega militar. Durante su reinado se construyeron algunos de los más bellos edificios etíopes y se restableció la autoridad gubernamental en provincias del sur que habían sido usurpadas por los musulmanes u otras tribus.
Tras el fallecimiento de Iyasus en 1706, Etiopía entró en otro largo periodo de confusión dinástica y decadencia, durante el cual el país se dividió en varias regiones.
La única fuerza unificadora durante todo este periodo era la Iglesia etíope. Con el apoyo de altos jerarcas eclesiásticos, un afortunado bandido de la frontera noroccidental, Ras Kassa quien había vencido a unos cuantos pequeños gobernantes feudales en distintos lugares del país se hizo coronar como emperador portando el nombre de Teodoro II en 1855. Más tarde, cuando Teodoro encarceló a algunos oficiales británicos por conspirar contra él, el gobierno británico mandó una fuerza expedicionaria a Etiopía; el emperador prefirió suicidarse (1868) antes que ser hecho prisionero. Después de luchar contra otros aspirantes al trono durante cuatro años, Dejaz Kassai, gobernador de la provincia de Tigre, fue coronado como Juan IV gracias a la ayuda británica.

En la década de 1870, Egipto era el principal enemigo externo del Imperio, que era poco más que una colección de estados semiindependientes. En 1875 el jedive Ismail Bajá extendió la protección egipcia al gobernante musulmán de Harar y mandó atacar Etiopía, tanto desde el norte como desde el este. Juan IV frenó la invasión egipcia, pero la continua expansión de Egipto por el mar Rojo y los puertos somalíes restringió el suministro de armas y otros bienes a Etiopía. Juan IV murió defendiendo su frontera occidental contra los sudaneses en 1889. Le sucedió Menelik II, quien estableció su capital en Addis Abeba y consiguió unificar las provincias de Tigre y Amhara en su reino de Shoa.
Con la apertura del canal de Suez en 1869, la costa del mar Rojo se fue convirtiendo en una franja cada vez más atractiva para los poderes europeos como área de colonización. Italia centró su atención en Etiopía; se apoderó de Āseb en 1872 y Massawa en 1885. En 1889 Menelik y los italianos firmaron el Tratado de Wichale (Ucciali). El tratado establecía supuestamente acuerdos de amistad y cooperación, pero las versiones amárica e italiana del mismo eran diferentes, y los italianos reclamaron que toda Etiopía quedaba bajo su protección. Como resultado, en 1895, se inició una guerra entre ambos países, y las tropas italianas fueron derrotadas al año siguiente en Adua. Italia se vio forzada a reconocer la independencia de Etiopía y respetar sus fronteras. El sucesor de Menelik, el emperador Lij Iyasu (reinado 1913-1916), fue depuesto en favor de su tía, coronada como la emperatriz Zauditu. Tafari Makonnen, su primo, fue elegido como heredero; subió al trono con el nombre de Hailé Selassié I. En 1931 dio a Etiopía su primera Constitución.
Con la llegada al poder del dictador Benito Mussolini, se reanudaron los planes italianos para Etiopía, y en octubre de 1935 Italia invadió el país. Hubo un intento por parte de la Sociedad de Naciones de detener la conquista pero fracasó. Addis Abeba cayó ante los invasores, y en mayo de 1936 Mussolini proclamó al rey de Italia Víctor Manuel III emperador de Etiopía. Hailé Selassié se vio forzado a abandonar el país y refugiarse en Inglaterra, pero fue restituido en su trono por fuerzas británicas y etíopes en 1941.
De acuerdo con los términos del tratado de paz de los aliados con Italia, firmado en 1947, se tenía que llegar a un acuerdo antes de un año sobre los planes para las antiguas colonias italianas de Eritrea, Somalia y Libia. Ante la ausencia de tal acuerdo, sin embargo, se dejó la decisión en manos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La Asamblea General de Naciones Unidas votó la federación de Eritrea con Etiopía, que debería completarse para septiembre de 1952. Sin embargo, una vez que se completó la federación, Hailé Selassié acabó con la autonomía de Eritrea. Hacia 1962 se había reducido a una provincia de Etiopía, dando lugar al establecimiento de un movimiento nacional de resistencia, el Frente de Liberación de Eritrea, y al comienzo de una lucha militar que culminaría treinta años después con la expulsión del gobierno etíope y la independencia de Eritrea.
En 1955 Hailé Selassié promulgó una Constitución revisada; se trataba de un leve intento para modernizar el país. Aunque daba ciertos poderes limitados al Parlamento, los sectores progresistas del país lo consideraban insuficiente. Tras un intento fallido por parte de miembros de la guardia imperial de expulsar a Hailé Selassié del trono en diciembre de 1960, el emperador aumentó los esfuerzos gubernamentales para el desarrollo económico y las reformas sociales.
A lo largo de la década de 1960, Hailé Selassié se preocupó cada vez más de los asuntos exteriores. En 1963 desempeñó un destacado papel en la formación de la Organización de la Unidad Africana, cuya secretaría se situó en Addis Abeba. El año siguiente, una antigua disputa de fronteras entre Etiopía y la República de Somalia pasó a ser un conflicto armado. Se pactó una tregua, estableciendo una zona desmilitarizada a lo largo de la frontera, pero las hostilidades se repetían esporádicamente. También aparecieron problemas en 1965 con Sudán, a la cual Etiopía acusó de ayudar a los independentistas de Eritrea. El conflicto se intensificó cuando 7.000 eritreos escaparon a Sudán en 1967 a causa de las represalias militares etíopes contra los secesionistas. En diciembre de 1970 el gobierno declaró el estado de sitio en algunas partes de Eritrea, pero no logró poner fin a la guerra de guerrillas.
A principios de la década de 1970 Hailé Selassié siguió desempeñando un papel importante en asuntos internacionales, ayudando a mediar en disputas entre Senegal y Guinea, Tanzania y Uganda, y las zonas norte y sur de Sudán. A pesar de todo, ignoró en gran manera urgentes problemas internos: la gran desigualdad en la distribución de la riqueza, el subdesarrollo rural, la corrupción en el gobierno, la inflación galopante, el desempleo, y las severas sequías y hambrunas en el norte entre 1972 y 1975.
En febrero de 1974 los estudiantes, trabajadores y soldados comenzaron una serie de huelgas y manifestaciones que culminaron el 12 de septiembre de 1974 al derrocar a Hailé Selassié tras un golpe militar. Se creó un grupo para dirigir el país, denominado Consejo Administrativo Provisional Militar, o Dergue. A finales de 1974 se anunció el establecimiento de una economía socialista controlada por el Estado. A comienzos de 1975 se nacionalizó la tierra cultivable, y una gran parte de ella fue parcelada en pequeños lotes para entregarla a propietarios individuales. En marzo de 1975 se abolió la monarquía, y Etiopía pasó a ser una República.
Durante 1976-1977 el teniente coronel Hailé Mariam Mengistu se mostró como la principal figura política del país; su posición se consolidó a comienzos de 1977 cuando varios de sus rivales potenciales murieron durante una lucha de poder entre dirigentes del Dergue. Los estudiantes, algunas facciones políticas, y dos movimientos secesionistas en la región de Ogadén (en el suroeste de Etiopía), y en Eritrea, continuaron oponiéndose fuertemente al régimen de Mengistu. El largo conflicto se intensificó a mediados de 1977 y los secesionistas pronto tomaron el poder de la mayor parte de Ogadén con el destacado apoyo de Somalia. Con posterioridad, el gobierno etíope recibió ayuda militar a gran escala, incluyendo tropas de Cuba y consejeros militares de la URSS, lo que le permitió algunas victorias ante los rebeldes, pero la resistencia a su autoridad continuaba. En septiembre de 1984, Etiopía pasó a ser un Estado marxista-leninista, con Mengistu como secretario general del nuevo Partido de los Trabajadores. Con la nueva Constitución que establecía un gobierno civil, el país cambió su nombre por el de República Democrática Popular de Etiopía en 1987; la legislatura nacional eligió a Mengistu como presidente.
Mientras tanto, un programa gubernamental para reducir la pobreza y aumentar el crecimiento económico se vio paralizado por una hambruna y una sequía recurrentes. Los impopulares programas gubernamentales de realojo y urbanización, en sí mismos una respuesta a la sequía e inseguridad, empeoraron las cosas. La prolongada guerra civil impidió durante toda la década de 1980 los esfuerzos mundiales de proporcionar alimentos y ayuda médica al país, con ambos bandos obteniendo capital político de los suministros de ayuda.
Con el inicio de la década de 1990 comenzó el colapso del bloque soviético y una drástica restricción de su ayuda que volvió vulnerable al gobierno de Mengistu. Dos movimientos rebeldes aliados, el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), el reestructurado y renombrado Frente de Liberación del Pueblo de Tigré (FLPT), junto a los separatistas del Frente de Liberación del Pueblo de Eritrea (FLPE), obtuvieron el control de las provincias del norte en 1990. En mayo de 1991, Mengistu escapó a Zimbabue. Tras la mediación de los Estados Unidos en las conversaciones de paz, el FDRPE entró en Addis Abeba sin oposición y constituyó un gobierno nacional interino. Bajo la presidencia de Meles Zenawi, el nuevo gobierno se encontró con el ingente trabajo de reconstruir la nación. Surgieron tensiones étnicas, especialmente entre los tigreanos y los oromo, que dejaron sin validez con las elecciones locales de 1992. Se celebraron elecciones multipartidistas para una nueva asamblea nacional en 1995.
Mientras tanto, el FLPE estableció un gobierno provisional en Eritrea. Después de que en 1993 los votantes aprobaran la secesión, Eritrea declaró su independencia, que fue reconocida por Etiopía.
En junio de 1994 los ciudadanos etíopes eligieron a sus representantes en la Asamblea Constituyente, encargada de redactar una nueva Constitución de carácter democrático. El FDRPE obtuvo 484 de los 547 escaños con que contaba la cámara. La nueva ley fundamental, que garantizaba derechos especiales a los diferentes grupos étnicos del país, quedó definida en el mes de diciembre.
En mayo de 1995 quedó constituida, tras la celebración de elecciones parlamentarias, una nueva cámara legislativa, el Consejo de Representantes del Pueblo, en la que obtuvo la mayoría el FDRPE. En el mes de agosto, la Asamblea Constituyente transfirió sus poderes de manera oficial al nuevo legislativo, y el país pasó a denominarse República Federal Democrática de Etiopía. Durante ese mismo mes, la cámara nombró a Meles Zenawi primer ministro, mientras que Negaso Gidada accedía a la presidencia del país.
Algunos grupos étnicos, incluidos sectores de los oromo y los ahmara, mantuvieron sus críticas hacia el nuevo gobierno, al consideraban tan ilegítimo como su predecesor. La oposición más radical procedió, no obstante, de la región de Ogadén, en el sureste del país, donde los rebeldes islamistas de etnia somalí, apoyados por sus parientes que habitan en Somalia, combatían para lograr la independencia de la región desde el derrocamiento de Mengistu. A finales de 1996, el Ejército etíope atacó sus bases somalíes en una ofensiva en la que perdieron la vida más de 200 rebeldes.
También con Eritrea, su vecino nororiental, el nuevo gobierno mantuvo un litigio territorial que provocó el inicio de hostilidades. La ocupación, en mayo de 1998, de un sector de la región autónoma etíope de Tigré (Tigray) por parte de Eritrea (que reivindicaba ese territorio de acuerdo con los límites establecidos por los mapas italianos de la época colonial) dio paso, en febrero de 1999, a la generalización de los combates. Coincidiendo con la conmemoración de la batalla de Adua (1 de marzo de 1896), Etiopía proclamó su victoria sobre Eritrea, que había aceptado la mediación de la Organización para la Unidad Africana (OUA). No obstante, las hostilidades se prolongaron durante los meses siguientes.
En otro orden de cosas, en 1994 los tribunales iniciaron los procesos penales contra miembros y simpatizantes del régimen de Mengistu por los crímenes cometidos durante el periodo conocido como Terror Rojo. Hacia 1997, más de 5.000 sospechosos habían sido acusados de la comisión de delitos tales como tortura, asesinato y genocidio. En 1996 se inició la vista contra los 80 miembros del Dergue, 23 de los cuales, incluido Mengistu, fueron juzgados en rebeldía. El gobierno etíope solicitó la extradición del ex dictador, refugiado en Zimbabue. Los grupos defensores de los derechos humanos criticaron el hecho de que algunos de los acusados llevaran en prisión desde 1991.
Fuerzas militares etíopes penetraron a mediados de mayo de 2000 en territorio eritreo, llegando a ocupar numerosas localidades fronterizas, y los combates causaron miles de muertos. A finales de ese mes, Eritrea aceptó retirarse a la zona limítrofe anterior a su invasión de 1998, al tiempo que las tropas etíopes se acercaban a la capital del Estado vecino, Asmara, y ambos países comenzaban negociaciones de paz en Argelia. El 30 de mayo, Zenawi dio por terminada la ofensiva militar etíope. El 18 de junio, Etiopía y Eritrea firmaron la paz en Argel, gracias a la mediación de la OUA, con el consiguiente despliegue de fuerzas de la ONU en la frontera entre ambos estados.
En octubre de 2001, la Asamblea Parlamentaria Federal, reunida en sesión conjunta de sus cámaras, eligió presidente de la República a Girma Wolde-Giyorgis, quien sucedió así en la jefatura del Estado a Negaso Gidada. Al año siguiente, el país se vio sacudido por una nueva grave crisis; al igual que en 1984, una pertinaz sequía sumió en el hambre a millones de personas. Ante esta situación, el primer ministro, Zenawi, solicitó el auxilio internacional para intentar paliar los que se preveían como trágicos efectos de la hambruna.
En las elecciones legislativas del 15 de mayo de 2005, celebradas bajo la supervisión de observadores internacionales, el FDRPE revalidó en las urnas la mayoría absoluta que lograra en 2000 (lo que supuso la reelección de Zenawi como primer ministro). Sin embargo, la Coalición por la Unidad y la Democracia (CUD) logró un notable incremento de sus diputados en el legislativo. Los resultados suscitaron numerosas y airadas protestas por parte de la oposición (abanderada por la CUD), que denunció los presuntos fraudes cometidos por el gobierno tanto en la campaña previa a los comicios como en el escrutinio electoral; la tensión aumentó y los violentos disturbios y enfrentamientos que tuvieron lugar entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes ocasionaron la muerte de decenas de personas.
El 9 de octubre de 2007, el Parlamento reeligió presidente a Girma Wolde-Giyorgis.